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Estación de libros
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El desierto de los tártaros, Dino Buzzati

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El desierto de los tártaros, Dino Buzzati
Actualizada 21/07/2017 a las 11:56

Me he desplazado hasta Belluno, en el Véneto, para entrevistar al autor italiano. Desde el punto de la ciudad donde estamos, se ven al norte las cumbres de los Dolomitas y al sur la llanura que se extiende hacia Treviso. Pensando en ese contraste de paisajes, le pregunto al señor Buzzati si se inspiró en ellos al escribir su novela.

 

 

Supongo que sí. Un escritor arrastra a lo largo de los años los lugares que conoció en su infancia y primera juventud. Los lleva consigo en mayor medida, con mayor fidelidad que a las personas. A los individuos que más tarde se convierten en sus personajes se los va encontrando aquí y allá, un poco en todas partes. En cambio, los sitios suelen ser los mismos, los de siempre, los del principio.

Al margen de eso, recuerda cuándo vio la Fortaleza por primera vez? Fue un sueño, una idea o hubo un referente real?

Creo que fue una mezcla de varias cosas. En cierta ocasión, el colegio donde yo estudiaba organizó una excursión a las montañas. Una semana de esquí entre compañeros. Nos alojamos en una especie de refugio enorme que había cerca de la Marmolada, en esa región de los Alpes. Debía de ser un antiguo albergue del ejército o una escuela de invierno para oficiales. El caso es que nosotros pasamos aquellos días allí, corriendo y alborotando por pasillos y estancias heladas.

Después vino lo otro. El pensamiento. La visión abstracta relacionada con el lugar. Al cabo de muchas lecturas y unas cuantas experiencias, supe que ahí arriba, en el recinto que todavía recordaba, había una historia. Una narración. Algo distinto de la realidad que merecía ser contado. Algo que con el tiempo se podría considerar literario. Y no imaginé sólo el relato, sino lo que había más allá de él. Yo no quería escribir sobre ideas, sino sobre personas aisladas en un espacio cerrado y, sin embargo, enseguida comprendí que el destino de las mismas admitía una serie de interpretaciones teóricas aplicables al mundo en que vivíamos entonces.

O sea, que usted intuyó desde el principio el nivel simbólico, metafórico de su libro.

Sí. Me di cuenta de que en él había una alegoría de la vida en general y de la sociedad moderna en particular. Giovanni Drogo, el protagonista, siente una atracción extraña por ese enclave militar al que va destinado como teniente. Antes de llegar allí, ya ha habido en su caso una especie de llamada. Del mismo modo que la vocación conduce a un religioso al monasterio, mi personaje responde a ese cuerno lejano, sabe que deberá subir a la fortaleza Bastiani. Una vez arriba, incluso cuando parece arrepentirse e inicia los trámites para regresar a la ciudad, le basta con volverse unos segundos hacia el desierto de los tártaros para tomar la decisión de quedarse. En definitiva, la defensa de ese reducto olvidado aglutina las ambiciones de Drogo. Es el objetivo de su existencia, pero supone al mismo tiempo la negación de toda una serie de luchas del hombre corriente de las que él huye, empeños mundanos que no está dispuesto a asumir.

Usted acierta sobre todo con el lenguaje. La novela está escrita con una prosa sencilla y bella, con expresiones que crean una tristeza conmovedora.

Yo buscaba algo así. Me interesaba un tono humilde en la narración. Una forma discreta a través de la cual yo pudiese describir las cosas a medida que Giovanni fuese descubriéndolas. Yo quería transmitir desde el primer capítulo el estupor de Drogo, la perplejidad que experimenta al conocer los lugares y toparse con los pequeños acontecimientos de su nueva vida. No me importaba aburrir un poco al lector con tal de emocionarle a través de un relato delicado desprovisto de grandes sucesos.

Atardece en esta localidad del norte de Italia. Ahora llega hasta nosotros una última luz, un destello procedente del Alto Adigio. Pronto tendré que despedirme del señor Buzzati, dejarle a los pies de su cordillera para siempre. Antes de eso, le pregunto si sería posible un espacio como la fortaleza, pero habitado por mujeres.

Sólo si se tratara de un encierro forzoso para ellas. No me las imagino eligiendo voluntariamente nada parecido.

 

 

http://retratosycaricaturasdemiguelcoll.blogspot.com

 

Me he desplazado hasta Belluno, en el Véneto, para entrevistar al autor italiano. Desde el punto de la ciudad donde estamos, se ven al norte las cumbres de los Dolomitas y al sur la llanura que se extiende hacia Treviso. Pensando en ese contraste de paisajes, le pregunto al señor Buzzati si se inspiró en ellos al escribir su novela.    Supongo que sí. Un escritor arrastra a lo largo de los años los lugares que conoció en su infancia y primera juventud. Los lleva consigo en mayor medida, con mayo
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